
por margolove
La frase “la vida es sexo y el sexo es vida” ha pasado de ser simplemente un slogan a un estilo de vida altamente aceptado por las nuevas generaciones que han decidido invalidar la abstinencia sexual para dar paso a una experiencia sin limites ni propósito.
Esto lleva todos los días a miles de jóvenes a decidir sobre su vida sexual con una enorme irresponsabilidad y a un egoísmo progresivo (satisfacción de corto plazo sin compromiso) el cual es estimulado directa o indirectamente por los medios de comunicación y la Internet; los cuales están llenos de imágenes sexuales y desinformación; y por si fuera poco, muchos gurús de la planificación sexual y la psicología contemporánea se suman a la causa, justificando este tipo de libertinaje sexual disfrazándolo bajo teorías emergentes de salud física y mental para la juventud.
Derivado de la falta de conciencia sobre el propósito de la sexualidad, está de moda tener una pareja sexualmente activa. Luego de experimentar una y otra vez, los temores y la incertidumbre a lo desconocido se disipan… la protección parece funcionar, sin embargo, aunque tu mente prefiera no pensarlo, antes de lo que imaginas terminarás contrayendo el virus del SIDA o convirtiéndote en una madre soltera.
Las costumbres culturales, la creencia de que la masculinidad se define por la “actividad” sexual, las experiencias de la niñez y el impulso sexual, que es parte de nuestra naturaleza física, son factores de presión que impacientan el instinto por tener sexo, sin embargo, ninguno de ellos es un detonante cuando se conoce el verdadero propósito de éste.
La sexualidad es parte natural y elemental del ser humano y para valorar y respetar el propósito de ésta, nuestra cosmovisión del concepto de sexualidad debe sufrir una reforma. El sexo debe ser fuente de placer y satisfacción que una a la pareja, pues está diseñado para relaciones permanentes, honestas donde se respeta y valora la dignidad de los cónyuges. Dios ha establecido un lugar seguro para descubrir, desarrollar y disfrutar la sexualidad a plenitud, esto es dentro del matrimonio, una institución en la que el dar y el pertenecer es mutuo, entendiendo éste como una relación para toda la vida, exclusiva entre un hombre y una mujer.
Las relaciones sexuales tienen como propósito la procreación, la unión física basada en el erotismo y el placer de la unión sexual, y consolidar la unidad (ser uno como pareja) complementaria de las personalidades. Es decir, este se diseñó para desarrollar una relación matrimonial efectiva basada –entre otras cosas- en el deleite y placer mutuo del mismo.
Las experiencias sexuales previas al matrimonio resultan altamente dañinas pues producen frustración, baja autoestima, inseguridad y temores que afectarán a tu cónyuge y la vida sexual de matrimonio.
Te invito a que reflexiones acerca de este tema y a que te abstengas de encuentros sexuales sin propósito. La vida apenas empieza y tienes el resto de ésta para disfrutar tu sexualidad a plenitud.